Ante la escasez de espacios públicos para el juego libre, Nube utiliza el arte contemporáneo, la experimentación y el reciclaje para convertir la frustración en creatividad, enseñando a niños y adultos que equivocarse es parte esencial del proceso. Desde el 20 hasta el 23 de noviembre en Parque Padre Hurtado.
El Festival Nube y su taller se han posicionado como una respuesta creativa a la rigidez de la educación artística tradicional. En un contexto donde los espacios para el juego libre se reducen, este proyecto chileno, coordinado por el artista profesor Miguel Maira, propone una metodología educativa basada en el arte contemporáneo y la práctica de taller.

Maira explica la filosofía detrás de esta elección, que busca transformar la forma en que los niños se relacionan con el proceso creativo:
“Nos gusta el arte contemporáneo porque es más experimental y es más exploratorio y valora mucho el proceso […] Y el proceso tiene que ver con poder equivocarse, poder hacerlo de nuevo y con no buscar resultados perfectos.”
Esta visión choca frontalmente con el escenario educativo que observan, donde el arte se limita a menudo a la pasividad. Para Nube, el cuerpo y el juego son irrenunciables.
“El diagnóstico que nosotros vemos en los colegios [es] que los niños están sentados en su banco trabajando con una hoja de blog. Esa es su clase de arte. Y esto es radicalmente opuesto, ¿cierto? Vemos gente que está al aire libre, jugando, divirtiéndose y también aprendiendo,” afirma el coordinador.
Sus obras rompen con el formato de museo, transformando el arte en una herramienta de juego. Nube presenta esculturas interactivas —objetos que se pueden tocar, pisar o arrojarles cosas—, demostrando que el arte no es solo “una pintura al óleo, una escultura de mármol,” sino que puede ser una experiencia totalmente accesible e interactiva.

De la frustración a la autoeficacia
Uno de los mayores desafíos en el aula es la frustración que sienten los niños al no conseguir un resultado “perfecto”. En Nube, la frustración se aborda como una oportunidad de aprendizaje, lo que los ha llevado a implementar estrategias pedagógicas icónicas, como prohibir la goma de borrar en ciertas actividades, forzando la corrección constante.
La propuesta de Nube es respaldada por especialistas como Bárbara Reydet, educadora consultada. La académica del colegio Saint John’s Villa Academy afirma que abordar el miedo al fracaso es una de las cosas más importantes a la hora de guiar a los niños y destaca la sintonía del método con el necesario cambio pedagógico:
“Una de las cosas más importantes para manejar la frustración en los niños, sobre todo en el aula es cultivar la cultura del error. Enseñarles que equivocarse es parte del proceso, que es una parte importante de la cual se puede sacar un aprendizaje muy valioso“.
En cuanto a la importancia del arte en las aulas, la académica aseguró lo siguiente:

El arte, entonces, no es un fin en sí mismo, sino un camino para adquirir habilidades socioemocionales o habilidades blandas. Miguel Maira enfatiza el objetivo central del método:
“El arte es un medio para un fin. Nuestro interés es que dejen de lado su frustración para atreverse a hacerlo y desarrollen esas habilidades”.
La encargada de contenidos y comunicaciones de Nubelab, Consuelo Pedraza, complementa esta idea destacando cómo el espacio empodera a los participantes, fomentando la autoeficacia y la autonomía:
“Creo que este espacio también es como un habilitador para que las personas también se sientan más capaces de que pueden hacer algo por sí mismas y creo que eso también es muy valioso hoy en día, como de autoeficacia y como de autonomía”.
Reciclaje, democratización y cohesión social
El uso de materiales reciclados es otro pilar fundamental, pero en Nube no es una actividad casual. Se utiliza una “técnica de encantamiento” que transforma el material con un fuerte sentido conceptual, por ejemplo, utilizando botellas PET para reflexionar sobre la materialidad al convertirlas en vasijas precolombinas.
En su esfuerzo por la democratización del arte, el festival mantiene una política de acceso gratuito, asegurando que el arte no sea un “privilegio de clase” y acercando la experiencia a familias y colegios de diversas comunas.

Con planes de expansión ya en marcha, el Festival Nube busca llevar su metodología a regiones. Consuelo Pedraza detalla el espíritu detrás de esta expansión, que busca fomentar la cohesión social y evitar la mera replicación:
La metodología, que definen como de código abierto, está disponible para ser replicada, pues Nube aspira a ser una “utopía de educación artística” en el país, impulsada por la pasión y la convicción de que la creatividad es una habilidad entrenable que surge de la interacción social y los entornos creativos.
Acá una visión diferente del Festival, donde recorrimos sus espacios y lugares de entretención:







