Los resultados de la primera vuelta revelaron que la ultraderecha consolidó un apoyo inesperado en comunas populares y de clase media baja. La inseguridad, la desconfianza institucional y la entrada de nuevos votantes crearon un renovado mapa político chileno.
El avance electoral de José Antonio Kast y figuras del sector de ultraderecha en comunas históricamente asociadas al voto progresista encendió las alarmas del oficialismo y abrió el debate: ¿Por qué los sectores populares están migrando a la ultraderecha? Según expertos, el fenómeno no solo responde al miedo por la delincuencia, sino también a una amplia elección de candidatos gracias al voto obligatorio, al desgaste de la política tradicional y a un uso estratégico de propuestas en contextos de frustración social.

Claudia Heiss, académica de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile, explicó que el avance de la ultraderecha en sectores populares no es un fenómeno exclusivamente chileno, sino parte de un patrón global en el que partidos de derecha apuntan al malestar, frustración y la desconfianza como símbolo de voto en comunidades que antes votaban por la centroizquierda.
Afirmó que la derecha mantiene un discurso “anti gobierno” que conecta con sectores que creen que la política dejó de hablarles hace años, haciendo que crezca una derecha populista donde se defienden intereses que “no representan a sectores populares, pero que logra sintonizar a nivel simbólico, a nivel valórico y en el nivel discursivo anti-élite”, mencionó.
Es un alineamiento ideológico: Se trata de votos rápidos que se sostienen por la promesa de regresar la seguridad al país, pero que sin respuestas inmediatas a los problemas pueden desaparecer.
La inseguridad como estrategia electoral
“La ultraderecha se apropió estratégicamente de la inseguridad, transformándolo en su principal capital electoral”, destacó Isidora Vivanco, cientista política de la Universidad del Desarrollo.
Detalló que Kast “se abanderó con la seguridad”, logrando capitalizar el temor presente en todas las clases sociales, pero especialmente en sectores populares que viven cotidianamente la presencia del narcotráfico, asaltos y delincuencia. Esto, según Vivanco, atrae a los votantes de centroizquierda.
La ultraderecha no sólo explotó la percepción de inseguridad en sus campañas, sino que la simplificó con respuestas rápidas: “orden”, “mano dura” o “cerrar las fronteras”. Palabras breves, efectivas y emocionalmente movilizadoras.
El contexto respalda su análisis: La encuesta “What Worries the World?”, de Ipsos indicó que el 62% de los chilenos identifica el crimen y la violencia como la principal preocupación nacional, seguido por el control de la inmigración con un 43%.
Ese clima emocional explica el atractivo de la ultraderecha: “El discurso de seguridad no solo moviliza, ordena políticamente a los sectores populares”, señaló.

La bienvenida a un electorado despolitizado
El sociólogo Alexis Ibáñez, resalta un factor que puede responder a esta novedad: el retorno del voto obligatorio. Esta medida integró al sistema electoral a ciudadanos que históricamente se mantenían al margen de la política, pero que ahora, está mostrando su “ser real”.
Para él, estas personas “no cuentan con identidades políticas estables ni con una adhesión trazable a proyectos ideológicos”, porque votan desde experiencias inmediatas o emociones como el miedo o la rabia.
Su diagnóstico coincide con estudios recientes. Desde CIPER, se alertó que la participación récord de las elecciones 2025 empujadas por el voto obligatorio reveló la existencia de un “electorado underground” que había permanecido invisible para las encuestas, desde sectores populares que estaban alejados de las políticas tradicionales.
Por otro lado, agregó que este electorado es altamente influenciable al contenido que circula en redes sociales, donde la ultraderecha ha desarrollado estrategias comunicacionales como el uso de desinformación y bots.
¿Un apoyo fugaz o una nueva identidad política? La mirada del comando de Jeannette Jara
Para los expertos, el avance de la ultraderecha en los sectores populares no representa aún una identidad permanente en el sistema político chileno, pero sí revela una sociedad que está votando a través de la inseguridad, la desconfianza institucional y la desconexión entre candidatos y votantes.


“La derecha llegó al mundo popular porque ocupó un espacio que la izquierda no supo atender”, destacó Francisco Vidal, vocero del comando de Jeannette Jara. Reconoció que la ultraderecha logró instalarse en los sectores populares porque conectó directamente con la angustia cotidiana de la inseguridad, un tema que, según él, la izquierda y el gobierno no enfrentaron con la fuerza que la ciudadanía esperaba.
Además, afirmó una contradicción entre los vecinos, que a pesar de valorar las medidas impulsadas por el gobierno, como el aumento del salario mínimo o las 40 horas laborales, seguían sintiéndose vulnerables al llegar a sus casas. Para Vidal, la ultraderecha se instaló en el miedo y en territorios donde antes la izquierda tenía arraigo histórico.
De cara a la segunda vuelta, explicó que el comando de Jeannette Jaraya trabaja sobre una estrategia que aborda dos urgencias simultáneas: La inseguridad en las calles y la inseguridad económica dentro de los hogares. Señaló que Jara busca enfrentar el delito en los barrios, pero también la precariedad que obliga a las familias a endeudarse para llegar a fin de mes.
Con esto, el comando del oficialismo intenta recuperar a los votantes populares que migraron a la ultraderecha, reconociendo que la seguridad será el eje decisivo para volver a conectar con ese electorado.





