Funciona gracias a la voluntad médica y normativas derogables. Especialistas del sistema público advierten que la falta de institucionalidad deja la atención de salud trans a merced de la voluntad política de turno, y ante el ascenso de la ultraderecha se teme que el cambio de directivos y el recorte de fondos maten silenciosamente un derecho humano fundamental.
Por Miguel Aburto.
“Nosotros vamos a respetar la libertad de los proyectos educativos como nunca se ha respetado por este Gobierno”, esbozó José Antonio Kast en el debate ARCHI, al ser consultado por un libro sobre infancias transgénero que entrega como insumo a colegios el MINEDUC. No es la primera vez que la ultraderecha embiste a la comunidad LGBTQIA+, sobre todo contra las personas trans.

El líder del Partido Republicano y sus seguidores han logrado asentar una alta popularidad con idearios en contra de “ideologías de género”, argumentando que resguardan la seguridad de las infancias.
Sin embargo, hay menores de edad y adolescentes que son parte de la comunidad trans en el país. ¿Qué pasa con esas infancias si republicanos llegan a La Moneda? Kast ha mencionado que está en contra de la Ley de Identidad de Género para menores, pero son esos menores los que también participan del Programa de Identidad de Género en la salud pública. Entonces, ¿peligra la salud trans si el candidato gana en segunda vuelta?
Crecer con orgullo pende del hilo de la ultraderecha

El Programa de Identidad de Género se inauguró en el Hospital Sótero del Río en 2018, marcando un hito en salud como el primer hospital público en ofrecer un programa gratuito. Fue el bastión de batalla para que en el mismo año se aprobara la Ley de Identidad de Género en Chile.
Ahora, bajo el eslogan “Crece con orgullo” en más de 10 hospitales en el país, ofrece atención psicológica, orientación social, sesiones terapéuticas y atención ginecológica a infancias y adolescentes. Todos los profesionales que son parte de él estudiaron sobre transición de género, cambios hormonales y salud mental en personas trans. Ninguno de ellos recibió capacitación ni estudios en el pregrado, todo fue autoaprendizaje voluntario porque en las carreras de salud no hay estudios formales.
Así mismo lo confirmó la ginecóloga del Hospital Sótero del Río Javiera Barros, quien lleva más de 7 años asistiendo a pacientes que desean transicionar de género. “Ningún profesional de la salud tiene especialización (…) es solamente autoaprendizaje y autoestudio. A mí nadie me lo enseñó en la carrera”.
Barros menciona que alrededor de 20 profesionales del hospital de Puente Alto son parte del programa voluntariamente. No hay más pago por participar, ni tampoco bonos ni horas extras. “Esto nace de manera voluntaria y por vocación de los profesionales”, mencionó.
La ginecóloga lidera el proceso de transición de género en infancias y adolescentes, atendiendo sus necesidades hormonales fuera de horas de consultas de la jornada laboral. Sin embargo, menciona que el Ministerio de Salud no da directrices formales a través de la ley y que se rigen por normas internacionales en el hospital.
Esa es la fragilidad del sistema. Nadie enseña, faltan regulaciones, falta de actualización en la ley.
El color político manda
La psicóloga Pamela Bozo, especialista en sexualidad y género, detecta esa y más problemáticas sobre el tema. “Los fondos para el programa se delegan según los directores de la red pública. Es el director el que va a poner los huevos en una canasta o en otra. Y finalmente, por temas de omisión, puede dejar al programa sin fondo. La única forma de hacerlo persistir es que sea voluntario, ¿y cuánta gente tiene el tiempo y los recursos para trabajar en voluntariado en el sistema público?”.
Bozo menciona lo anterior porque el director de salud, ya sea de hospital o de CESFAM, puede ser removido por el Ministerio de Salud. Además, menciona que las circulares 5, 7, 21 y 34 del Minsal son claves en el respeto hacia diversidades sexuales y género.
Revisa a continuación de qué tratan las circulares:

Éstas garantizan el trato digno y humanitario hacia las personas de las comunidades trans. ¿El problema? Pueden ser derogadas.
La experta en género y sexualidad abordó el impacto que tendría el derogar las circulares, entregar menos recursos al programa, o derechamente eliminarlo: “Si un tema de hormonización no es acompañado con ayuda técnica, no es asesorado, ya de por sí es malo. Y si es prohibido, es más violento todavía, porque en el fondo lo que se está haciendo es utilizar un dispositivo heteronormativo sobre los cuerpos y las identidades de estas persona. Esto sería sumamente violento y transgresor a los derechos y a la dignidad humana”.
Así mismo, enfatizó en el poder de decisión que tienen los políticos sobre las decisiones personales en temas de salud e identidad de género.
La lucha trans persiste
Sammael Matif es un hombre trans que fue parte del programa de Sótero del Río. A sus 15 años comenzó su transición de la mano de la doctora Barros, y en conjunto con más personas transgénero conformaron Disforia Club, un club de fútbol para personas trans.

Dice que actualmente el club de deportes amateur es más que jugar a la pelota, sino que representa un espacio político de lucha y apoyo a la comunidad trans, sobre todo a infancias que desean transicionar. “Acá llegan niñes que los juzgan por tener pelo largo, pelo corto, ser más femeninos, masculinos, de todo (…) y la mayoría de ellos son parte del programa de transición de los hospitales. Cuando los veo, siento que me veo cuando era pequeño”.
Sammael enfatiza que la importancia del programa es vital: “Sin el acceso gratuito, probablemente mis papás tendrían que haber pagado el tratamiento en un centro privado. Lo más costoso es el tratamiento hormonal, pero las sesiones con psicólogos son importantes para acompañar el proceso. Pienso en que si se elimina, muchos niños se quedarían con su género que se les asigna al nacer”, sentenció.
Revisa el resumen de la noticia a continuación:




