Mientras los influencers ganan terreno y los algoritmos dictan las reglas, el periodista se ve obligado a reinventar su oficio sin perder su esencia: la búsqueda de la verdad en el terreno.
El periodismo deportivo vive un difícil escenario: el auge de influencers deportivos que no responden a la ética y un público que prefiere la inmediatez al análisis. En una época en que las redes dictan la agenda y la IA amenaza con reemplazar al periodista, el oficio se enfrenta al desafío de seguir siendo relevante sin perder su humanidad.
Christopher Antúnez, periodista de larga trayectoria y actual editor de Bolavip Chile, lo resume sin rodeos:
“Hoy el periodista está sujeto a muchos desafíos profesionales. Competimos contra generadores de contenido que no deben rendir cuentas ni cuidar una línea editorial ni la ética. Nosotros sí”.
Esa comparación, revela una realidad incómoda para la prensa del deporte. Mientras los influencers deportivos conectan con las audiencias desde la cercanía y la informalidad, el periodista tradicional debe mantener su credibilidad. “Las nuevas generaciones empatizan más con el cabro que hace un video en el estadio. El error sería declararle la guerra; tenemos que competirles con creatividad y buena información, reflexiona Antúnez.
El reporteo, una práctica que se pierde
El editor de Bolavip Chile confiesa que lo que más le preocupa es la pérdida del reporteo presencial. “Nos conformamos con robarnos videos o hacer notas desde el escritorio. Hemos dejado de salir a buscar la noticia”, lamenta.

Recuerda que durante la cobertura del sorteo de la fase de grupos de la Copa Libertadores, redescubrió la importancia de estar presente en los lugares de los hechos.
“Ahí entendí que los eventos en vivo son una cuna de noticias. Si te quedas frente al computador, te las pierdes todas”.
Esa diferencia entre estar y mirar a distancia marca una frontera cada vez más extensa. Muchos medios prefieren la comodidad del clic rápido a la rigurosidad del terreno. Para Antúnez, eso explica buena parte de la precarización actual del rubro: “El periodismo vive de la calle, del contacto directo. Si nos quedamos frente al escritorio, perdemos el olfato”.
La irrupción de la inteligencia artificial ha profundizado el dilema. Hoy, los motores de búsqueda ya entregan respuestas sin que el usuario entre a las páginas. “Nuestro gran patrocinador se convirtió en el enemigo. Si el robot te da la información que buscas, ¿para qué entrar al sitio?”, reflexiona el periodista.
Para él, la salida pasa por volver a las historias propias, las que ningún algoritmo puede descubrir ni resumir. “La IA no va a saber lo que se siente estar frente a un entrenador o ver el gesto de un jugador derrotado. Eso sigue siendo nuestro territorio”.
A pesar de las adversidades actuales, Antúnez conserva un optimismo marcado:
“Podrán cambiar los algoritmos, los formatos y las plataformas, pero la curiosidad humana no se programa. Mientras haya alguien dispuesto a ir al lugar, mirar, preguntar y escribir, el periodismo seguirá vivo.”
Ante una época acosada por la inmediatez y la automatización, el periodismo deportivo sobrevivirá si vuelve a su raíz, la experiencia humana del testigo. Más allá de los clics, publicidad o bots, el oficio sigue siendo eso, alguien que mira, escucha y cuenta lo que los demás no vieron. Un buen ejemplo es lo que hace Bolavip Argentina en su sección “Inteligencia Artificial”, donde se realizan muchas notas en base a IA donde carece el toque humano y la profundidad que este mismo le puede dar a un producto periodístico.






